Tomada de la edición impresa del Viernes, 06 Abril 2012

La fe tallada en la imagen del Cristo Negro de Daule

El santuario del Señor de los Milagros recibe a sus feligreses y muestra varias historias sobre la imagen que un día cambió de color

La fe tallada en la imagen  del Cristo Negro de Daule
Foto: Karly Torres
La imagen original del Cristo reposa en el altar mayor de la iglesia Señor de los Milagros. No es bajada desde hace 20 años.

CINTHIA HERRERA ∙ GUAYAQUIL

¿Un Cristo negro, hacedor de milagros y pendiente de una cruz desde hace más de 300 años? Esa parecía ser la pregunta que se hacía Ana Briones, una mujer de arraigada fe católica.

 Ella, junto a sus hijos y esposo, ha llegado desde Santa Lucía hasta la humilde morada del Cristo: una iglesia asentada cerca del río Daule que, curiosamente, pese a ser Miércoles Santo, permanece con su único inquilino en donde solo reina el silencio.

Ingresan por la primera puerta de madera, que da apertura a un santuario lleno de imágenes religiosas. Lo primero que logran observar a su lado izquierdo es una de las réplicas del Cristo, que yace colgado sobre la pared. Se persignan y lo miran con asombro, mientras uno de sus hijos, de 7 años de edad, jala la falda de Ana, en señal de que quiere seguir en su recorrido de fe.

Unidos, en familia, avanzan por la capilla, pero son impedidos por otra puerta. Esta, en cambio, es de vidrio, que rechina al ser movida y hace eco por el silencio, lo que confirma que no hay nadie en el lugar.

Al costado derecho de ellos reposa otra de las réplicas. Y enseguida Ana junto a su hijo corre donde él, mientras que su esposo muestra a su hija los recuadros del Vía Crucis que están colgados alrededor de la iglesia.  

Por separados ahora recorren la iglesia y con asombro ven cada imagen sagrada del santuario, la Virgen María, el Corazón de Jesús, los Ángeles.

Ofrecen una oración, así lo expresa Ana, pues ella corrió a la imagen de yeso para pedir por el bienestar de su familia. “Me han dicho que es muy milagroso, por eso vine”, comenta.

La imagen, a pesar de ser una réplica del Señor de los Milagros, posee una diferencia. Son las fotos y mangas que están colgadas con alfileres e imperdibles sobre la vestimenta del Cristo.

Daniel Franco, secretario administrativo del santuario, señala que las mangas son los pedidos que hacen los fieles al Cristo.

“Las mangas son de acero y tienen la forma de la parte del cuerpo del devoto que desea que sea sanada”, explica.

En el altar mayor, una vez más se reúne la familia visitante, esta vez para hacer reverencia junto a la imagen que está delante de ellos, la del Señor de los Milagros (Cristo Negro) que reposa desde hace 20 años aproximadamente.

Sobre una cruz de mármol, con la corona de espinas de madera y un faldón blanco, la imagen de Cristo crucificado reposa a sus extremos con dos ángeles de mármol que llevan un manto, haciendo surgir la fe de la familia de Ana.

Las historias del Cristo Negro

Los relatos del Señor de los Milagros inician en 1650 cuando en la época colonial el español Isidro de Vienza y Mora, propietario de extensas zonas en Daule y Balzar, recobró la vista perdida al tocar la imagen.

Él como agradecimiento, sostiene Daniel, construyó la primera capilla del Señor de los Milagros en el mismo lugar que yace ahora.

Cuenta la historia que para Semana Santa el Cristo fue retocado y bajado de su altar. Al ser mostrado al pueblo un esclavo negro se encaramó para besarle y lo tocó con su manos sucias; el sacristán lo sorprendió y ordenó que se lo castigara, expresando que cómo era posible que un negro tocara a una imagen sagrada, dice Daniel, quien agrega que en aquel tiempo se mantenía esa costumbre.

El esclavo fue castigado y azotado públicamente en la plaza. Pero, al día siguiente, el santo Cristo, para mostrar su predilección por los pobres, se encontró teñido del mismo color del esclavo.

 La imagen es morena y por ello se la conoce como el Cristo Negro de Daule. Su fiesta patronal es celebrada cada 14 de septiembre, fecha en la que se lo encontró manchado.

Otra de las historias que explica Daniel es la que se comenta que en esa época se tenía la tradición de llevar el Cristo a Guayaquil en balsas por unos día. Pero un año, por la madrugada el pueblo de Daule se despertó por el sonido fuerte de las campanas de la iglesia.

Era el regreso del Cristo que había venido solo en balsa desde Guayaquil. Desde ese momento la imagen fue puesta en el altar. “Solo se la ha bajado para arreglarle ciertos detalles, pero de ahí para nada más, ya que para las procesiones se utilizan las réplicas que tenemos”, dice Daniel.

Hace un mes, cierto relato dejó asombrada a la feligresía dauleña.

La iglesia actualmente se encuentra en remodelación, razón por la que se colocaron dos andamios a los lados del Cristo, para pintar el tumbado.

 Ese día, por accidente, la improvisada estructura se cayó y destruyó uno de los ángeles de mármol que reposan a un extremo de la imagen. El tablado también tocó al Cristo, pero lo que fue sorpresa para todos es que a éste no le pasó nada.

“La caída de los andamios fue muy fuerte, era para que el Cristo se cayera y se rompiera, pero no le sucedió nada, ni a él ni a la gente que estaba trabajando”, asevera Daniel.

Hoy una de las réplicas del Señor de los Milagros saldrá a la procesión. Desde las 07:00 hasta las 12:00 la imagen recorrerá las calles céntricas de Daule.

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