Tomada de la edición impresa del Martes, 02 Agosto 2011

La Masacre del 2 de agosto de 1810

La matanza realizada en el Cuartel Real de Lima (Quito), hace 201 años, fue un suceso sanguinario donde la altivez y fortaleza de varios patriotas quiteños dejaron una huella imborrable en la historia de la independencia de nuestro país.

La Masacre del 2 de agosto de 1810
Fotos: Archivo de El Telégrafo
Recreación de la masacre en el Museo Metropolitano de Quito.

Redacción / Guayaquil

La matanza del 2 de agosto de 1810 fue un acontecimiento que marcó un hito en la historia de nuestra república, durante la época colonial. La sangre derramada por los patriotas sublevados un año antes fueron los cimientos del espíritu libertario que, posteriormente, se verían reflejados en las batallas independentistas.

Antecedentes

La revolución del 10 de Agosto de 1809, conocida en nuestro país como el ‘Primer Grito de Independencia’ -aunque esta haya sido precedida por los gritos libertarios en Sucre (Bolivia), el 25 de mayo del 1809, y La Paz (Bolivia), el 16 de julio de ese mismo año- fue un movimiento autonomista el cual proclamaba el retorno del rey Fernando VII, quien había sido derrocado debido a la invasión de los franceses a España.

Según varios historiadores ecuatorianos, esta lealtad al rey depuesto solo era una cortina de humo,  por parte de los quiteños, para tomar el mando de la Real Audiencia de Quito. Sin embargo, luego de derrocar al conde Ruiz de Castilla (representante de la corona española en Quito) e instalar la Junta Soberana de Gobierno, bajo el liderazgo de Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, los sublevados negociaron con las autoridades españolas para devolver el mando al conde Ruiz de Castilla, quien prometió no tomar represalias por lo sucedido.

No obstante, instalado nuevamente en el poder, y a pesar de haber garantizado no tomar represalias, Ruiz de Castilla traicionó su palabra y desató una persecución en contra de quienes habían participado en la revolución del 10 de Agosto de 1809, capturando a un gran número de ellos y encerrándolos en los calabozos del Cuartel Real de Lima, en Quito. Al mismo tiempo hizo promulgar la advertencia de que se aplicaría la pena de muerte a todo aquel que, conociendo el paradero de algún insurgente, no lo denunciara.

A partir de entonces y durante casi un año, los soldados realistas del coronel Manuel Arredondo -que a petición de Ruiz de Castilla había llegado desde Lima para sofocar la revolución- impusieron orden, en algunos casos violentamente. Los quiteñoss, cansados de sus abusos, formaron nuevos comités para la defensa de los vecinos y prepararon un plan para liberar a los prisioneros.

Matanza del 2 de agosto de 1810

Aquel día, poco antes de las dos de la tarde, seis hombres armados con cuchillos sometieron a la guardia de la prisión o Cuartel Real y penetraron en el establecimiento, sembrando el desconcierto entre los soldados dispersos en los corredores y el patio de la planta baja y se dirigieron a liberar a los prisioneros.

En un comienzo, los soldados de la guardia no ofrecieron resistencia, sin embargo, luego reaccionaron y dispararon contra los asaltantes. La lucha se extendió hacia los calabozos donde estaban los revolucionarios y tomaron represalias contra ellos. Es entonces cuando los soldados mataron a Francisco Javier Ascázubi, Nicolás Aguilera, Juan Pablo Arenas, el teniente coronel Juan Salinas, el teniente coronel Antonio Peña, el capitán José Vinueza, el joven teniente Juan Larrea, entre otros.

Los soldados que custodiaban la prisión siguieron combatiendo en los aledaños del recinto, desde donde extendieron la represión a la ciudad de Quito. Al caer la tarde, las víctimas mortales sobrepasaban las 300 entre los dos bandos.

Con el asesinato de los patriotas quiteños llegó a su fin la revolución del 10 de Agosto de 1809, que tuvo el mérito de dar una luz hacia el camino de la independencia, rechazando los sistemas implantados, buscando uno método propio de autogestión y gobierno.

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