Tomada de la edición impresa del Viernes, 03 Agosto 2012

No videntes, intranquilos con reubicación

Hacen un llamado a la Vicepresidencia de la República para que los respalden y no se los traslade a un sitio donde no lograrán ventas

No videntes, intranquilos con reubicación
Foto: Archivo
Los comerciantes invidentes prefieren vender en la 9 de Octubre, porque ha sido su lugar de trabajo por 20 años.

DIANA HOLGUÍN ∙ GUAYAQUIL

Juan  Pino Medina, de 42 años, es uno de los afectados por la reubicación que el Cabildo dispuso para los comerciantes no videntes que se encuentran a lo largo de la avenida 9 de Octubre.

“Estamos preocupados por la decisión del Alcalde, es muy duro para nosotros porque no quieren colaborar”.

La Defensoría del Pueblo y el alcalde Jaime Nebot tendrán una reunión el próximo lunes, en el Juzgado Quinto de la Niñez y Adolescencia para tratar el tema de la reubicación de los comerciantes. Se había previsto un encuentro a inicios de esta semana, pero se aplazó.

La voz de los invidentes que piden permanecer en el mismo lugar de trabajo es la del abogado Hernán Ulloa, quien es el defensor de la Asociación de Ciegos y Amigos de los Ciegos de Guayas (Acacig).

Cuando tenía 2 años de edad, Pino fue diagnosticado con el Síndrome de Morquio, una enfermedad que ataca a los huesos y a las articulaciones. Tres años más tarde perdió la visibilidad producto de la misma enfermedad.

Hace 20 años empezó alquilando teléfono en la avenida 9 de Octubre, hasta que el personal municipal cortó las líneas, pese a ello no descansó y vendió lotería en el mismo sector. Ahora subsiste con la venta de golosinas y cigarrillos.

“Los ordeno para saber en dónde está cada cosa y también toco las monedas para darles vuelto”.

Juan se traslada desde su casa ubicada en Durán, en el sector de Primavera 1, hasta el centro de la urbe, sin ayuda alguna. “Me movilizo solo, a todas partes y cuando vengo cojo el taxi ruta y asimismo regreso a mi casa”.

En su hogar lo espera su madre de 72 años, quien padece de dolores en las articulaciones y recibe medicinas de su hijo, las cuales son compradas con el fruto de su trabajo.

Reveló que gana entre 5 y 10 dólares diarios, de lunes a sábado. La mayoría de los días permanece vendiendo por más de nueve horas.

Uno de los puntos de concentración de ventas informales se ubica en la intersección de la calle García Avilés.

Allí se acomodan también otras personas con discapacidad visual y de motricidad, que venden dulces, inciensos, carcasas para celulares.

“Hay leyes que nos amparan, que están por encima de cualquier regeneración. Todas las calles son del pueblo”, indicó William Méndez, otro afectado.

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