Tomada de la edición impresa del Jueves, 03 Noviembre 2011

El impacto social de la delincuencia

La inseguridad es un fenómeno que afecta nuestras emociones. Expertos recomiendan prevenir

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Foto: Archivo

Redacción / Guayaquil

Carlos Zambrano, de 22 años, caminaba por una calle de la ciudadela Alborada por la noche, en compañía de una amiga. La joven conversaba despreocupadamente por su celular Blackberry, mientras Carlos le insistía en que no lo haga pues lo consideraba peligroso.


Al momento, un hombre cruzó la calle con dirección a ellos, y lo que pasó a continuación es una historia que cualquiera, sin necesidad de ser adivino, puede imaginar.


Sin embargo, para Carlos, el desenlace de esta historia pudo ser peor.
“El ladrón era novato, se puso nervioso y disparó. No sé cómo es que no salí herido”, detalló.


Después de lo ocurrido, por el impacto emocional causado, la experiencia fue el tema de conversación favorito de Carlos por más de una semana.


Y es que, aunque la delincuencia sea un problema social mundial y globalizado, para la sociedad ecuatoriana constituye una preocupación constante, en medio del esfuerzo de las instituciones por combatirla y buscar formas de prevención.

 

 

Huellas emocionales
Bernardo Ovalle, director del Observatorio de Seguridad Ciudadana indica que la delincuencia es un fenómeno profundo que impacta no solo sobre la calidad de la democracia y de las instituciones, sino también de la vida social en general.


Con él coincide la psicóloga Adriana Tamayo, para quien el hecho de convertirnos en víctimas de la delincuencia produce diversos sentimientos, entre ellos tristeza, rabia, frustración y desamparo.


Y es que Tamayo lo sufrió en carne propia. Hace poco fue asaltada junto con su familia al interior de un restaurante en Guayaquil.
“En nuestra experiencia, lo primero que se activó fue el instinto de supervivencia y el hecho de colaborar con estas personas para liberarnos rápido de la presión y el riesgo que estábamos corriendo, principalmente los niños”, detalló.


Señala que el temor normal que siente una persona tras un ataque delincuencial es llamado también estrés postraumático, pero que va desapareciendo con el transcurso de los días, en parte con el apoyo de las personas que rodean a la víctima, esto es compañeros, amigos, familia e incluso redes sociales.


Sin embargo, para la experta, hay que tener en cuenta que las personas somos emocionalmente vulnerables y que debemos permitirnos vivenciar estos sentimientos de pánico libremente, pues el reprimirlos, muchas veces por vergüenza, genera problemas emocionales más complejos.


Al respecto, Ovalle cree que los ecuatorianos hemos aprendido a sobrevivir bajo estas circunstancias.
“Estamos experimentando cambios culturales, sobre todo en las actividades sociales, hoy nos conducimos de manera diferente en la vía pública e incluso llegamos y salimos de nuestras actividades para evitar ser víctimas de un ataque”.


Prevenir antes que lamentar
Para ambos expertos lo ideal es que la ciudadanía busque maneras prácticas de cuidar su integridad física.
“Hay que tener en cuenta que la delincuencia a la que enfrentamos en general es el hampa común, y esta no planifica estratégicamente, solo actúa por oportunidad, de allí que el detonante para el cometimiento del delito, muchas veces es el descuido o falta de autocuidado de parte del ciudadano”.


De todos los asaltos que se perpetran en el país, el 24% corresponde a robo de teléfonos celulares, por ello indica Ovalle, es necesario ser precavidos en su uso en la vía pública.
“No debemos ir caminando por la calle mientras hablamos por teléfono”, señala.
Destaca además la necesidad de mayor precaución en el retiro de dinero en los cajeros automáticos o instituciones financieras.


Según cifras de la Fiscalía, por cada 10 vehículos robados, 7 han estado estacionados, por lo que lo más seguro es dejar el carro con una persona de confianza.
“De ser posible hay que invertir en seguridades básicas, como alarmas, pues si el delincuente observa que su auto tiene protección básica probablemente se decida por otro”, sostiene.


Pero más allá de estas medidas básicas, para el titular del Observatorio, lo principal es organizar los barrios para trabajar en conjunto con la policía comunitaria.


Recomienda a las personas integrarse a los programas de prevención y charlas que imparta la institución a fin de conocer la realidad del sector en donde se vive.
“Los barrios seguros son los barrios que más se organizan”, concluyó.

 

 

Falta de valores

 

Según explica Bernardo Ovalle, director del Observatorio de Seguridad Ciudadana, la delincuencia es un mal con profundas raíces sociales.


Esto se relaciona con la ruptura de valores, y con niveles considerablemente altos de violencia doméstica.
“Si el niño observa que en su hogar no hay respeto por el ser humano, y él no respeta a sus padres que son la primera autoridad de la sociedad ¿cómo respetará las normas de la sociedad y la autoridad civil, cuando llegue a la mayoría de edad?”, se cuestiona Ovalle.
Para la psicóloga Adriana Tamayo, la delincuencia nace en la pérdida del principio de autoridad de los padres, en los hogares deshechos y en la violencia intrafamiliar.

“La delincuencia puede tener diferentes etiologías, pero la más acertada es aquella que se relaciona con los modelos que entregamos a los más pequeños. Niños que ven a sus padres pelearse por dinero, celos, o cosas materiales y que finalmente parten del hogar dejando niños frágiles y ávidos de afecto y amor”, concluyó.

 

Cifras

 

Según datos proporcionadas por el Observatorio de Seguridad Ciudadana, la conducta delictual se desarrolla entre los 6 y 16 años. Y el 78% de las victimas de homicidios que reportan prontuario delictivo, está entre los 25 y 42 años, lo que significa que se desarrolló por lo menos 10 años atrás.

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