Tomada de la edición impresa del Miércoles, 22 Mayo 2013

Paolo Rossi en España 82: ‘He hecho llorar a Brasil’

Carlos Ramón Loor, Periodista deportivo (@CRLoor)

Una de las gratas sorpresas del Mundial Argentina 78 fue ver a la tradicionalmente defensiva Italia en un rol totalmente distinto a lo largo del torneo, en virtud de un juego abierto y en el que destacaba su tridente atacante conformado por los veteranos Roberto Bettega y Franco Causio y el joven Paolo Rossi, quien con sus 21 años deslumbró con sus imparables galopadas por derecha.

De este último llamaba la atención que militara en un club italiano de menor orden como el Lanerossi, de Vicenza, situación que no le impidió convertirse en el elemento más cotizado de su país, llegando a ser precio récord en el mercado del Calcio. Su imagen de chico bueno con cara de niño hizo que lo apodaran el “Bambino d’oro” (chico de oro). Todos se preguntaban, cuál sería su techo de rendimiento.

Su futuro no podía ser más prometedor, pero de pronto, en 1980, todo pareció derrumbarse al estallar un escándalo por apuestas clandestinas, conocido como el “Totonero”, cuyas ramificaciones involucraban a elementos afamados, entre ellos Rossi, quien tras ser procesado fue suspendido por tres años, pena que luego sería rebajada a dos años por la propia Federación Italiana de Fútbol, quizá pensando en un potencial retorno a la actividad profesional, semanas antes del mundial España 82.

Aquella posibilidad que sonaba descabellada por la total falta de competencia que tendría el jugador, no fue considerada así por el seleccionador Enzo Bearzot, quien decidió convocarlo contrariando a sus detractores, quienes complacidos veían cómo el fracaso anunciado se cumplía, debido al pobre rendimiento del delantero en los tres primeros cotejos de la cita mundialista.

Sin embargo, iniciada la segunda ronda, una interesante actuación aportó para el triunfo sorpresivo de 2-1 frente al campeón reinante, Argentina, sin imaginar que eso era apenas el anuncio de lo que -seis días después- significaría su más memorable actuación, cuando enfrentando al gran favorito, Brasil, rompería su sequía goleadora, anotando tres veces, suficientes para la victoria 3-2 de los “azzurri”.

La inolvidable faena cumplida por el resucitado goleador le sirvió como inicio de una seguidilla sensacional, que proseguiría en las semifinales, al concretar los dos tantos del cotejo ante Polonia y de allí un nuevo gol, que sirvió para abrir la ruta del triunfo 3-1, en la final contra Alemania Federal.

Con 6 conquistas en su cuenta personal, Rossi se erigió en el goleador del certamen, obteniendo el Botín de Oro. Además fue elegido el mejor jugador del torneo, llevándose el Balón de Oro y por supuesto, lo más importante: El título de campeón mundial y que en ese momento era el tercero de la “squadra azzurra”.

Se trataba sin duda de un éxito simultáneo sensacional, que al margen de los galardones recibidos, tenía como mayor tributo el haber transmutado su imagen en menos de un mes, pasando de “futbolista prontuariado” a “héroe nacional”. Y dentro de todo lo hecho, el recuerdo más impactante era indiscutiblemente su irrupción goleadora ante los brasileños, cuando provocó -literalmente hablando- las lágrimas de un país entero y la tristeza de todo el que admire el juego como espectáculo.

Seguramente por aquello, dos décadas más tarde, Rossi -al publicar su biografía reseñada en un libro- no encontró mejor título que el de: “Ho fatto piangere il Brasil” (He hecho llorar a Brasil), algo que podría sonar a petulancia, pero que en realidad captaba el aspecto más sublime de su hazaña deportiva, tal como lo palparía él mismo años después mientras realizaba una visita a Brasil, cuando un taxista al reconocerlo le exigió que se baje del auto, pues aún le guardaba rencor y enfado por el tan recordado partido.

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