Tomada de la edición impresa del Martes, 26 Febrero 2013

Torbellino

Claudio Campos ∙ Entrenador de fútbol - @ClaudionCampos

En la Patagonia Argentina es normal que las ciudades estén azotadas por vientos muy fuertes durante todo el año. No fue la excepción aquella primavera de 1986 cuando el Club River Plate de Buenos Aires visitó la hermosa ciudad de Esquel, para jugar con su categoría de reserva una serie de amistosos en la zona sur del país.

El equipo ‘millonario’ estaba dirigido por una exgloria del club, don Martín Pando, quien respondió a todas las inquietudes de los hinchas. El ‘Chula’, un conocido futbolista del pueblo le preguntó: Don Martín, ¿cuál de todos los muchachos está para cosas importantes? Mírelo al rubio de pelo largo, préstele atención, dentro de poco lo vera por TV, es un torbellino.

Su aparición en el equipo profesional de Núñez no se hizo esperar, causando admiración por la elegancia y velocidad de su juego. A una edad temprana le tocó pisar suelo europeo para comenzar a redactar su historia en clubes italianos y de esta manera ratificar que estaba para ponerse la camiseta más pesada de todas. Con la selección nacional jugó 50 partidos, 2 mundiales y  ganó las Copa América del 91 y 93. Logró con su sensibilidad, dentro y fuera de la cancha, ser el jugador mimado del pueblo, galardón muy difícil de conseguir en un país donde su socio ideal: Diego Maradona era considerado un Dios.

De personalidad muy especial y controvertida, pero con una sonrisa atrapante; sus goles inmortales y gran aporte al fútbol argentino en los mundiales, hicieron que este jugador con aspecto a rockstar sea considerado uno de los mejores delanteros del fútbol ‘gaucho’ de la historia.

Con toda certeza puedo decir que en los diccionarios del fútbol mundial el nombre de este jugador, oriundo de Henderson, que nació un 9 de enero del 67, llamado Claudio Paul Caniggia, será recordado para siempre con letras de oro como “el hijo del viento”.

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