Tomada de la edición impresa del Jueves, 21 Julio 2011

‘Programas televisivos influyen negativamente’

Estudiantes de Comunicación Social critican ciertos contenidos

‘Programas televisivos influyen negativamente’
Foto: Gabriel Proaño
Los alumnos de Comunicación Social de la Universidad Católica se preparaban ayer para uno de sus trabajos televisivos.

Ocho estudiantes de la carrera de Comunicación Social, de dos universidades guayaquileñas, coincidieron en la necesidad de que exista un órgano que regule los contenidos violentos, discriminatorios y sexualmente explícitos de los medios.

“Hay espacios que se difunden en horarios no aptos para los niños, con escenas de sexo o de violencia. Inclusive se suele observar a padres golpeando a sus hijos. ¿Qué enseñanza positiva pueden dejar programas de esas características? En realidad, ninguna”, manifestó Esterlyn García Sevillano, de 17 años y alumna de primer año en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Estatal de Guayaquil (Facso).

García Sevillano aseguró que son este tipo de programaciones las que, en varios casos, llevan a los jóvenes por el mal camino (delincuencia, drogas o alcohol), al mostrar los caminos incorrectos de la vida como idóneos.

Raquel Arteaga Naranjo, de 20 años, también estudia en la Facso. Su criterio apuntó a calificar como “basura” a ciertos espacios televisivos. La joven añadió que dentro de ese grupo constan los programas de prensa rosa, las novelas con imágenes sensuales que no dejan nada a la imaginación y los noticiarios basados en la crónica roja. Según Arteaga Naranjo, los niños, adolescentes y jóvenes suelen imitar lo que observan en su entorno o en la televisión.

Para Antony Herrera Espinoza, presidente del Movimiento Estudiantil de la Facso, los canales carecen de responsabilidad, pues “difunden espacios que van en contra de los principios que los padres de familia inculcan a sus hijos en el hogar”. 

“Hay programas muy malos, como Showmatch, en el cual aparecen vedettes mostrando sus partes íntimas (senos o glúteos) y lo peor en un horario en el que muchos pequeños todavía están despiertos. Por eso debe existir un órgano que regule este problema”, indicó.

Herrera Espinoza sostuvo que el comportamiento de los seres humanos se ve influenciado de una u otra manera por lo que miran en la “pequeña pantalla”. “Cuando mi hermanito de siete años observa el programa de la WWF (lucha libre) empieza a pelear con mi ñaña de nueve años y se tiran en la cama, corriendo peligro de darse un mal golpe”, puntualizó.

Hugo Naranjo Yoza, presidente del grupo Acción Verde de la misma facultad, manifestó que la Ley de Comunicación constituye la oportunidad para revertir todas estas “inconsistencias” en la parrilla de programación de los canales.

Melany García Aveiga, quien estudia el segundo año de la carrera de Comunicación Social en la Universidad Católica de Guayaquil, consideró nefasto que dibujos animados para adultos se promocionen como espacios dirigidos a niños. “Los Simpsons, por ejemplo, no aportan nada positivo a los menores”, acotó.

Una apreciación similar manejó Carlos Ardito Zúñiga, quien cursa el cuarto año de la carrera en la Católica.

Guillermo Guerra Moreno, quien estudia el primer año de Comunicación en esa universidad, opinó en el mismo sentido y sugirió que la Ley de Comunicación dé paso a un “reordenamiento de los horarios televisivos”.

Ivanna Moreno Herrera está en tercer año y lamentó que el rating prime al momento de decidir qué se proyecta o no. Dijo esperar que la Ley frene la crónica roja que “nos bombardea”.

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