Mgtr. Marco Noroña. Docente UIDE Guayaquil 

En 2024, la ciudad de Guayaquil registró la venta de 25 617 vehículos nuevos, mientras que la provincia del Guayas mantiene una flota activa de más de 715 000 vehículos matriculados, según datos del Servicio de Rentas Internas (SRI), el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Esta intensa actividad vehicular debería representar una gran oportunidad para el sector de la posventa automotriz, pero en la práctica, el escenario es mucho más complejo. A los desafíos técnicos y estructurales se suma un entorno urbano marcado por la inseguridad, que ha afectado incluso la continuidad operativa de varios centros de servicio.

Más del 70 % de los talleres en Guayaquil continúan operando en condiciones artesanales, sin acceso a escáneres de diagnóstico, certificaciones técnicas ni personal capacitado para atender vehículos que incorporan tecnologías híbridas, eléctricas o electrónicas. Solo un 30 % dispone de infraestructura moderna, procesos estandarizados y recursos humanos formales, lo que reduce drásticamente la capacidad del sector para brindar servicios rápidos, eficientes y seguros. La falta de condiciones adecuadas también impide que muchos talleres puedan mantenerse actualizados con las exigencias del mercado automotor.

Además de la brecha tecnológica, existen limitaciones en infraestructura física: espacios reducidos, ausencia de zonas especializadas para electrónica, carencia de ventilación y señalización adecuada, e instalaciones con riesgo eléctrico o sin accesos seguros para clientes. Incluso concesionarios de marcas reconocidas enfrentan problemas como la escasez de técnicos certificados, demoras en el suministro de repuestos y dificultades para realizar actualizaciones de software vehicular. A esto se suma el hecho de que varios talleres y almacenes de repuestos en sectores periféricos han cerrado temporalmente por razones de inseguridad, según reportes del Municipio de Guayaquil y medios locales, lo que refleja una condición operativa frágil y desalentadora para nuevos inversores.

Frente a esta realidad, el futuro de la posventa en Guayaquil depende de la adopción de soluciones técnicas concretas: incorporación de herramientas digitales, fortalecimiento del talento humano mediante capacitación continua, certificación de procesos y modernización integral del modelo de atención. La profesionalización del servicio no solo optimiza los resultados operativos, sino que también fortalece la confianza del cliente, reduce los errores técnicos y abre paso a modelos de negocio más eficientes, como la atención remota o el mantenimiento predictivo. Para que esta transformación sea sostenible, el Estado debe garantizar condiciones mínimas de seguridad, permitiendo que estos avances se desarrollen en un entorno estable y confiable.

Por ello, es fundamental una articulación efectiva entre talleres, concesionarios, distribuidores, instituciones de formación técnica y autoridades locales. El desafío no está solo en el volumen de vehículos que ingresan al parque automotor de la ciudad, sino en la capacidad real de los actores del sector para atenderlos con eficiencia, calidad y seguridad técnica. Apostar por infraestructura moderna, procesos certificados y talento humano especializado es la única vía para consolidar una posventa guayaquileña a la altura de los retos tecnológicos y sociales del presente.