Durante años, la vacunación ha estado asociada casi exclusivamente a la niñez. Sin embargo, esta percepción ha quedado atrás frente a la evidencia médica actual: la inmunización es una herramienta clave de prevención que debe mantenerse a lo largo de toda la vida.

Hoy, uno de los principales desafíos en salud pública no es la falta de vacunas, sino la creencia de que ya no son necesarias después de la infancia.

La idea de que las vacunas son solo para niños ha generado una baja cultura de prevención en adolescentes, adultos y personas mayores. Esto se refleja en los niveles de cobertura: mientras los esquemas infantiles han alcanzado históricamente porcentajes altos, la vacunación en adultos continúa siendo limitada.

“Existe la percepción de que las vacunas se limitan a la infancia, cuando en realidad forman parte de un esquema continuo de protección. A medida que avanzamos en edad, el sistema inmunológico también cambia, y es fundamental reforzar esa defensa con vacunas adecuadas”, explica la Dra. Greta Muñoz, Directora Médica de Clínica Internacional.

De acuerdo con autoridades sanitarias nacionales, si bien una gran proporción de la población ecuatoriana accede a vacunas en los primeros años de vida, la continuidad del esquema se reduce significativamente con la edad, especialmente después de la adolescencia. En muchos casos, los refuerzos no se aplican o simplemente se desconocen.

En este contexto, especialistas en salud coinciden en la necesidad de reforzar la educación sobre inmunización en todas las etapas de vida.

Avances y oportunidades en la vacunación a lo largo de la vida

En los últimos años, Ecuador —al igual que otros países de la región— ha enfrentado desafíos en la cobertura de vacunación. A pesar de estos desafíos, el país cuenta con esquemas de vacunación accesibles y campañas activas que representan una oportunidad para fortalecer la prevención en todas las etapas de vida. El Ministerio de Salud ha señalado que algunos esquemas infantiles no han alcanzado el nivel óptimo recomendado, que debería superar el 95% para garantizar protección colectiva.

A esto se suma que, en la población adulta, la vacunación no forma parte de los hábitos regulares de cuidado. Incluso en el contexto de la pandemia, donde una gran parte de la población recibió vacunas, no todos completaron sus esquemas o accedieron a dosis de refuerzo, evidenciando una brecha en la cultura de inmunización continua.

Por su parte la Organización Mundial de la Salud advierte que la vacunación previene entre 3 y 5 millones de muertes cada año en el mundo, posicionándola como una de las intervenciones de salud pública más efectivas.

No obstante, también alerta sobre un punto crítico: millones de personas aún no reciben todas las vacunas que necesitan a lo largo de su vida, lo que incrementa el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles.

La tendencia global apunta a un enfoque claro: la vacunación debe entenderse como un proceso que acompaña todas las etapas de la vida, no como un evento puntual en la infancia.

¿Qué vacunas se necesitan según la edad?

Las necesidades de inmunización cambian con el tiempo y dependen de factores como la edad, el estado de salud y el entorno:

  • Adolescencia: refuerzos contra tétanos, difteria y tosferina, además de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH).
  • Adultos jóvenes: protección contra hepatitis, influenza estacional y actualización de esquemas incompletos.
  • Adultos mayores: vacunas contra influenza, neumococo y otras infecciones que pueden generar complicaciones graves.
  • Grupos específicos: mujeres embarazadas, personas con enfermedades crónicas o viajeros pueden requerir esquemas particulares.

En este contexto, la actualización del esquema nacional de vacunación en Ecuador refleja un avance importante, al incorporar una visión más integral que busca proteger a la población en distintas etapas de vida.

¿Por qué los adultos no se vacunan?

Entre las principales razones destacan:
  • Falta de información sobre la necesidad de refuerzos
  • Creencia de que las vacunas ya no son necesarias
  • Prioridad a la atención cuando aparece la enfermedad y no a la prevención
  • Desconocimiento del esquema correspondiente según la edad

Esta combinación de factores ha hecho que la vacunación en adultos pase a un segundo plano, a pesar de sus beneficios comprobados. En ese sentido, los especialistas insisten en que la prevención debe asumirse como un hábito permanente.

Así lo señala Muñoz, “Incorporar la vacunación dentro de los controles regulares de salud es clave. No se trata sólo de evitar enfermedades, sino de prevenir complicaciones que pueden afectar significativamente la calidad de vida, especialmente en adultos mayores o personas con condiciones preexistentes”,

Más allá de evitar enfermedades, las vacunas ayudan a reducir complicaciones graves, hospitalizaciones e incluso fallecimientos, especialmente en personas con factores de riesgo. Enfermedades como la influenza, el neumococo o el tétanos pueden tener consecuencias mucho más severas en la adultez, lo que refuerza la importancia de mantener el esquema al día. 

El gran reto hoy no es solo ampliar el acceso, sino cambiar la forma en que se entiende la vacunación. Incorporarla como parte del chequeo regular de salud, al igual que otros controles médicos, es clave para avanzar hacia una prevención más efectiva. Además, la vacunación cumple un rol colectivo: protege no solo a quien la recibe, sino también a su entorno, disminuyendo la transmisión y cuidando a poblaciones más vulnerables.