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Finanzas Plateadas: cinco claves para proteger la autonomía financiera en la adultez mayor
Mantener la autonomía financiera durante la adultez mayor depende de adaptar el presupuesto, anticipar gastos de salud, establecer límites frente a deudas de terceros, usar con seguridad los servicios financieros digitales y proteger la información bancaria.
En diciembre de 2025, la pobreza por ingresos alcanzó al 21,4 % de la población ecuatoriana y al 37,6 % en el área rural. Aunque estas cifras no corresponden exclusivamente a personas adultas mayores, permiten dimensionar el contexto económico en el que muchas llegan a esta etapa de la vida, caracterizada en algunos casos por una reducción o cambio en las fuentes de ingreso y un aumento de gastos relacionados con salud, medicamentos y cuidados.
Frente a este escenario, Fundación Bien-Estar desarrolló el programa Finanzas Plateadas, una iniciativa de educación financiera gratuita dirigida a personas mayores de 60 años, orientada a fortalecer su autonomía en el manejo de sus recursos. El programa aborda temas como presupuesto, ahorro, crédito, prevención de fraudes, seguridad financiera y uso de canales digitales.
A propósito del Día Internacional de las Personas de Edad, que se conmemora cada 1 de octubre, Natalia Garzón, directora ejecutiva de Fundación Bien-Estar, plantea cinco aspectos que contribuyen a preservar la autonomía financiera durante la adultez mayor:
1.Reorganizar el presupuesto.
Es importante identificar los ingresos permanentes como pensiones, trabajo, emprendimientos, rentas o apoyo familiar y diferenciarlos de los ocasionales. Con esta información, el presupuesto debe priorizar alimentación, vivienda, servicios básicos, salud, medicamentos y cuidados. También es necesario revisar deudas y compromisos que puedan limitar la capacidad de decisión sobre los propios recursos.
2. Prepararse para los gastos de salud.
Una emergencia médica puede implicar consultas, exámenes, hospitalización, rehabilitación o tratamientos prolongados y consumir rápidamente los ahorros si no existe una planificación previa. La recomendación es combinar el ahorro con el conocimiento de las coberturas disponibles a través de la seguridad social o de seguros, además de mantener una reserva líquida para afrontar varios meses de gastos esenciales.
3. Establecer límites a préstamos y garantías familiares.
Apoyar económicamente a familiares no debería comprometer los recursos destinados al bienestar personal. Antes de prestar dinero o asumir una garantía, es importante evaluar si una eventual falta de pago podría afectar gastos esenciales como alimentación, vivienda o salud. Cuando exista un préstamo familiar, conviene definir con claridad el monto, los plazos y las condiciones de devolución.
4. Utilizar la banca digital como herramienta de autonomía.
Consultar saldos y movimientos, realizar pagos o efectuar transferencias desde el celular puede reducir la dependencia de terceros y evitar desplazamientos innecesarios. El objetivo no es obligar a las personas mayores a utilizar canales digitales, sino brindarles conocimientos y práctica para que puedan decidir cómo administrar sus recursos de forma independiente y segura.
5. Proteger claves y datos bancarios.
Contraseñas, números PIN, códigos de verificación y tarjetas deben permanecer bajo control de su titular. También se recomienda desconfiar de llamadas o mensajes que soliciten información financiera, evitar enlaces desconocidos y revisar periódicamente los movimientos de las cuentas. Compartir credenciales incrementa el riesgo de errores, fraudes o transacciones no autorizadas.
“Envejecer no debe significar perder autonomía financiera ni depender necesariamente de terceros para administrar nuestros recursos. Una verdadera inclusión financiera debe acompañar a las personas durante todo su ciclo de vida y permitirles tomar decisiones informadas, seguras y autónomas”, señala Garzón.
Por ello, estas recomendaciones buscan fortalecer la educación financiera y la inclusión de una población con necesidades específicas, en el manejo de sus recursos y el acceso a servicios financieros durante la adultez mayor.


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