alerta sobre el impacto del vapeo
El Dia Mundial SIN TABACO alerta sobre el impacto del vapeo y el tabaquismo pasivo
El tabaquismo continúa siendo una de las principales amenazas para la salud pública, no solo por el consumo directo de nicotina, sino también por el impacto que genera en quienes se exponen involuntariamente al humo del cigarrillo y al vapeo. Mientras los dispositivos electrónicos y vapeadores ganan popularidad entre adolescentes y jóvenes, especialistas alertan sobre una problemática que va desde el inicio temprano de la dependencia hasta las consecuencias del tabaquismo pasivo en niños, adultos mayores y personas no fumadoras.
La preocupación se mantiene vigente en Ecuador, donde el consumo de nicotina entre jóvenes continúa representando un desafío. Datos oficiales muestran que aproximadamente el 13% de adolescentes entre 13 y 15 años ha utilizado productos de tabaco o vapeadores, mientras que el contacto con nicotina ocurre cada vez a edades más tempranas, frecuentemente entre los 11 y 14 años. A esto se suma que, al 2023, la epidemia del tabaquismo provocó 6.807 muertes anuales en el país y cerca de 50.926 personas enferman cada año por causas asociadas al consumo de tabaco, una cifra equivalente a 19 muertes diarias relacionadas con el tabaquismo.
“La evidencia científica ha demostrado que la exposición al humo del cigarrillo y al vapeo incrementa el riesgo de cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, asma, infecciones respiratorias y enfermedad pulmonar obstructiva crónica. En niños y adolescentes, además, se asocia con bronquitis, neumonía, crisis asmáticas, otitis recurrentes y alteraciones en el desarrollo pulmonar”, explica el Dr. José Ruales, decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional SEK (UISEK) y exministro de Salud.
Aunque muchas veces persiste la percepción de que el vapeo es menos dañino, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y múltiples estudios científicos han confirmado que los aerosoles de los cigarrillos electrónicos contienen nicotina, metales pesados, formaldehído, compuestos orgánicos volátiles y partículas ultrafinas inflamatorias. Además de afectar a quienes los consumen, estos dispositivos liberan sustancias potencialmente cancerígenas que contaminan espacios cerrados.
La nicotina, presente en cigarrillos, vapeadores y otros dispositivos de consumo, es un compuesto altamente adictivo que altera rápidamente los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la atención y la regulación emocional. Su dependencia puede desarrollarse incluso en consumos percibidos como “sociales” u ocasionales.
Desde la salud pública, la situación resulta especialmente preocupante porque el cerebro continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años. La exposición temprana a la nicotina puede afectar funciones relacionadas con la memoria, el aprendizaje, el control de impulsos y la regulación emocional, además de aumentar el riesgo de ansiedad, dependencia crónica y mayor susceptibilidad al consumo de otras sustancias.
Entre las señales tempranas más frecuentes de dependencia se encuentran la necesidad de consumir nicotina en momentos de estrés o socialización, irritabilidad o dificultad para concentrarse cuando no se puede fumar o vapear, incremento progresivo del consumo, uso impulsivo y la sensación de necesitar nicotina para relajarse, rendir académicamente o afrontar situaciones cotidianas.
“Desde la academia, la evidencia es clara: las estrategias más efectivas para reducir el impacto del tabaquismo son aquellas respaldadas por el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS y libres de conflicto de interés con la industria tabacalera. Esto incluye ambientes 100% libres de humo y vapeo, regulación estricta de vapeadores, restricciones a la publicidad y medidas fiscales que desincentiven el consumo”, señala el Dr. José Ruales.
Estas medidas han demostrado ser efectivas para disminuir el consumo de tabaco y nicotina, prevenir que más jóvenes comiencen a fumar o vapear y reducir las enfermedades y muertes asociadas al tabaquismo. Además, especialistas destacan que la educación y la academia cumplen un rol clave en la prevención, al promover información clara sobre los riesgos del consumo, fortalecer el pensamiento crítico frente a la publicidad y ayudar a jóvenes y adolescentes a manejar la presión social, el estrés y la toma de decisiones.

